|
De ser nadadora a Miss Venezuela 1983
La prensa la daba como favorita en esta edición del Miss Venezuela quizás por el cariño que le tenían, ya que la habían visto crecer como nadadora, es así como los reporteros se sentían parte del éxito de esta chica, y decían “al fin una miss que nada”, comenta Ruggeri. Actualmente se encuentra trabajando con una empresa italiana en el área de seguridad, introduciéndolos en el mercado venezolano. Se casó y se divorció. Tiene una hermosa hija de 16 años que se llama Laura. ¿Cómo ingresaste al concurso? Todo sucedió en un desfile benéfico de una tienda que se llamaba ‘Africa Boutique’, que realizaba eventos a favor de alguna institución. En una ocasión, me pidieron que modelara alguno de sus trajes, lo cual acepté con alegría, allí conocí a Rita Córdoba, la esposa del dueño de la agencia de modelaje Herman’s, y ella me presentó a Osmel, y fue allí en donde él me dijo una frase hermosa que me estimuló y me dio confianza para participar en el concurso: ‘Si no te gusta lo que vas viviendo y viendo, te retiras’. Esas palabras me inspiraron a inscribirme. Los recuerdos que conservas de aquella época… Son muchos, estaba estudiando en ese tiempo. Le dije a Osmel que me inscribía en el certamen con la condición de que él me permitiera seguir estudiando, ya que estaba en el noveno semestre de Administración en la Universidad Metropolitana, cursando 9 materias más la tesis. Vivía corriendo de los trabajos en grupo que realizaba con mis compañeros de clases, las sesiones fotográficas, los cócteles, la tesis, los ensayos, las entrevistas, entre otras muchas cosas, pero me encontraba feliz, porque mientras más tengo en mi día, mejor funciono. ¿Qué aprendizaje le dejó el Miss Venezuela? Muchas experiencias lindísimas, me abrió numerosas puertas y bastantes amistades que conservo hoy en día, por ejemplo con Carmen María Montiel, que a pesar de las distancias mantenemos contacto – vive en Estados Unidos-. Las labores que realicé con el Miss Venezuela y el Miss Suramérica me creó la conciencia social, ya que asistía a hogares de rehabilitación de lisiados en países como Perú, Ecuador, Venezuela, por mencionar algunos. Esa sensibilidad humana que crece en ti después de haber visto una realidad tan grande, me encantó. El saber que puedes dar lo que tengas, de la forma que puedas en ese momento, ya sea en lo económico, moral, etc., me fascinó. ¿Nunca se imaginó que iba a ser Miss Venezuela? No. La verdad es que vivía en una piscina con el cabello mojado y la cara lavada. Fue un reto, una buena competencia, debo confesarte que soy muy competitiva, porque vengo del mundo deportivo. ¿cómo hizo con la apariencia que siempre debe mantener una miss? Pues nada, antes de ingresar al certamen no usaba tacones, ni maquillaje, no sabia peinarme, sufrí mucho en eso, sin embargo aprendí rápidamente. Me enseñaron a caminar, a posar, era un mundo diferente que me enriqueció muchísimo. ¿El Miss fue una escuela para usted? Sí, una escuela intensa de vida en un año, sobre todo aprendes relaciones interpersonales, a hablar con todo tipo de gente. Yo era muy tímida, entonces fue un reto para mi el romper ese paradigma y decirme que no podía ser así y que tenia que salir de ello. ¿Le gustaría que en el futuro su hija Laura participara en el Miss Venezuela? Claro, me encantaría. Aquí se aprenden muchas cosas. Algún consejo para las misses de esta edición. Que persigan su objetivo con pasión, confianza y seguridad. Si quieren lograrlo lo van a hacer, preparándose naturalmente. Hoy en día ha evolucionado el certamen: les enseñan baile, oratoria, idioma, entre otras cosas. En mi época eso no se estilaba. Y ¿qué les diría a las jóvenes que quieren ingresar al Miss Venezuela, pero no se atreven? Que se lancen, es mejor siempre arriesgarse en la vida, quién no arriesga no gana. Soy partidaria de que siempre hay que intentar las cosas, ¿no te salió? no importa, tuviste esa experiencia y de ella aprendes.
Texto: Marinel Ibarra
|